Pitágoras en Kenia
En realidad debería decir en Chelopoy, pero ¿Quién conoce ese sitio? No aparece en google map, ni en ninguna cartografía preparada por los ingleses para sus ejércitos. No aparece porque los nombres locales de estos lugares suelen cambiar, como solían hacerlo sus habitantes en sus movimientos transeúntes. Hoy en día ya se están asentando gracias a las escuelas, iglesias, tiendas y agricultura, de ahí que los nombres están echando raíces: se ponen carteles que indican direcciones en los cruces de caminos (no de carreteras), se pintan portones en la entrada de las escuelas, se abren cajas postales en la oficina de correo más cercana (en este caso 85 Km) y se hacen sellos para las instituciones.
Una de estas es la nueva parroquia de Chelopoy y su nueva escuela de bachiller para muchachas con el nombre de Santa Ana. Es curioso que hablo de cajas postales, pero hoy eso sirve solo para recibir informaciones oficiales, pues casi todas las instituciones deberían tener acceso a Internet. Solo que Chelopoy está en un rincón tan escondido entre montañas que no hay cobertura suficiente. Quien quiera comunicarse por teléfono móvil tiene que hacerlo buscando esos árboles específicos que todos vamos conociendo donde se recibe señal intermitente.
Para la nueva parroquia de Chelopoy llegaron hace un año y medio una comunidad de religiosas kenianas con intención de echar una mano en la educación escolar, tanto básica como de bachiller. Son apenas dos por ahora. Como corresponde se construyó su residencia, incluso antes que la residencia sacerdotal. De hecho, el orden de construcción ha sido muy pedagógico: primero el centro de pastoral para cursillos de catequistas, catecúmenos, educación de adultos, seminarios para jóvenes, reuniones de la gente local (pues aquí no hay centros de cultura, ni ayuntamientos, ni casas permanentes, la gente solo tiene residencias de barro y va siendo todo un adelanto quien consigue poner a su casa un techo de láminas de cinc); segundo fue el centro de salud, para asistir a enfermos si se encontrase alguna enfermera que quisiera estar en ese lugar; tercero la casa para las monjas; cuarto la casa parroquial; quinto será la iglesia (para la que todavía no hay ningún fondo). Los sacerdotes, cuando vamos allí, nos hospedamos en una casita que hay junto a la vieja capilla no muy lejos de la escuela de primaria. Es una casa muy elemental sin cocina ni baño, pero construida en cemento, así que no hay que rehacerla todos los años. Digo “cuando vamos allí” porque Chelopoy no deja de ser una de las 38 capillas que tenemos a nuestro encargo; se está desarrollando como centro parroquial con la “ilusión” de dividir la misión en dos o tres, de modo que sea más razonable y humano el trabajo pastoral para los misioneros.
La casa para las religiosas se construyó siguiendo modelos de otras misiones en las que no se utiliza leña sino que se compra en la ciudad más cercana, Kitale, bombonas de gas butano. Esa ciudad está a 170 Km. Para ir allí hay que utilizar vehículo propio, cosa que las hermanas kenianas no tienen, porque no les llega el presupuesto de sus salarios en las dos escuelas. En cambio han preparado un huerto casero muy eficaz que gracias al agua de lluvia –cuando cae- y el agua que se extrae de un pozo con energía solar regalado por alguien en España, produce abundante verdura para ellas y para la gente que quiera comprarla. Como el presupuesto no les llega para el gas utilizan carbón vegetal, que es menos engorroso de almacenar que la leña. Y cocinan con ese carbón en una cocina cerrada sin salida al exterior. Ni que decir tiene que la cocina se ha ahumado. Así que se decidió añadir una chimenea a la cocina.
Nuestros albañiles son gente muy práctica que hacen todo a ojo, y rara es la vez que no se equivocan cuando utilizan el metro. Sin embargo, el joven que se encargó de preparar la chimenea ha terminado el bachiller. Así que cuando tuvimos que hacer los cálculos para los trapecios que cierran los muros hacia los tubos exteriores de la chimenea, ni corto ni perezoso, echó mano a sus recuerdos escolares y con el famoso Teorema de Pitágoras, encontró el tamaño de lo que debería de ser la hipotenusa en los trapecios. En inglés no hablan de catetos ni de hipotenusas, lo reducen a la formula que dice: a2 + b2 = d2. Nada de aquello: "la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa". Lo más asombroso fue cuando hubo que hacer la raíz cuadrada. Sin calculadora, el muchacho lo encontró en seguida.
Así ha sido como las monjas de Chelopoy ahora tienen una chimenea bajo la cual pueden cocinar con carbón vegetal, en su pequeña cocina portátil de barro. Cuando la gente ve esos dos tubos azules que salen del techo se preguntan ¿Qué es eso? Pues en sus chozas el humo sale por el techo de paja, o simplemente por alguna ranura que encuentra, mientras que los que están dentro se ahúman, o prefieren salir fuera hasta que esté lista la comida, siempre que no llueva... Después de todo, el comedor es a la intemperie y sin mesa. La chimenea de Chelopoy es la única que existe desde Kapenguria, que dista 130 Km, y no debe haber ninguna otra en todo el noroeste de Kenya hacía Sudán, imagino que al menos hasta Juba (para quien quiere consultar el mapa).
