Todos tenemos un lugar
Publicada el 22 de octubre de 2026
Desde hace cuatro años, el misionero comboniano valenciano, Rafael Pérez Moreno, acompaña a jóvenes en Guatemala. Su misión consiste en escuchar, orientar y ayudar a descubrir nuevas posibilidades de futuro y de compromiso vocacional. Viene de una familia sencilla, humilde y trabajadora. En la conversación con él, nos recuerda que cada persona tiene una historia y que, por difícil que haya sido su camino, siempre puede abrirse a una nueva oportunidad.
Por Justus Oseko, MCCJ1. ¿Cómo empezó camino vocacional?Mi camino vocacional ha sido un proceso largo y enriquecedor. Desde Valencia fui formándome y descubriendo poco a poco la llamada de Dios, hasta llegar a concretar mi vocación. Ha sido un camino de búsqueda, discernimiento y encuentro con el Señor. Actualmente llevo 38 años de sacerdocio y, desde hace prácticamente cuatro años, estoy en Guatemala. Allí continúo viviendo mi vocación misionera, especialmente a través del acompañamiento a los jóvenes.
2. ¿Cómo es tu día a día allí?Vivo en una comunidad religiosa comboniana llamada Casa Comboni, situada en la periferia de la capital de Guatemala. Sin embargo, mi trabajo no se limita a este lugar, porque mi campo de misión abarca distintos departamentos del país. Paso buena parte de mi tiempo viajando para participar en encuentros organizados por parroquias, asociaciones, grupos eclesiales y otras organizaciones. Normalmente, trabajo a partir de convocatorias previamente organizadas, en las que se me invita a compartir espacios de formación, reflexión y acompañamiento.
Mi misión se centra especialmente en jóvenes de entre
18 y 25 años. Es un trabajo que exige disponibilidad para viajar, escuchar y estar cerca de las personas. Cada encuentro es diferente, porque cada joven tiene su propia historia, sus dificultades y sus sueños. Para mí, lo importante es poder acompañarlos y ayudarlos a encontrar caminos para seguir adelante.
3. ¿Cómo es la realidad de la gente a la que acompañas?Mi trabajo se centra fundamentalmente en la animación y el acompañamiento de los jóvenes. Para comprender su realidad, hay que tener en cuenta que Guatemala es un país con una población muy joven, pero en el que muchos enfrentan importantes dificultades para continuar sus estudios, acceder a un empleo digno y construir un proyecto de vida estable. Me encuentro con jóvenes que abandonan la escuela para trabajar y ayudar económicamente a sus familias. Otros miran hacia Estados Unidos como una oportunidad para conseguir una vida mejor y emprenden el camino de la emigración, a veces sin las garantías necesarias para hacerlo con seguridad.
A estas dificultades se suman la inseguridad, la violencia, el maltrato familiar y el acoso escolar. Muchos han vivido situaciones muy duras desde pequeños, y esas experiencias dejan heridas que influyen en su manera de relacionarse con los demás y de mirar su futuro. Por eso, muchas veces el joven con el que me encuentro llega herido, con una historia difícil a sus espaldas y con carencias importantes en su formación.
4. ¿Qué te anima a continuar en tu misión?Tengo mucha confianza en los jóvenes. A pesar de todo lo que viven, encuentro en ellos receptividad, deseos de aprender y ganas de salir adelante. Cuando alguien se acerca con respeto, escucha sus preocupaciones y les ofrece un espacio de confianza, suelen responder positivamente. Esta realidad me anima a continuar mi misión. Creo que es fundamental ayudarlos a reconocer su dignidad, descubrir sus capacidades y comprender que su pasado no tiene por qué determinar su futuro.
Cuando una persona encuentra acogida, confianza y acompañamiento, puede descubrir capacidades y posibilidades que nunca había imaginado. Después de tantos años de sacerdocio y de experiencia misionera, sigo aprendiendo de cada persona que encuentro. Mi misión en Guatemala consiste precisamente en caminar junto a los jóvenes, escucharlos y ayudarlos a descubrir que siempre es posible abrir nuevos caminos. Me gustaría terminar con esta convicción que nace de mi propia experiencia:
todos tenemos un lugar en la llamada de Dios. NOTICIAS RELACIONADAS
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