
El primer encuentro del año 2026 del grupo juvenil misionero ComboJoven tuvo lugar los días 10 y 11 de enero en la comunidad de los Misioneros Combonianos de Madrid.
Este primer encuentro y cuarto del curso 2025/2026 fue un espacio privilegiado de convivencia, formación, oración y discernimiento, vivido en un clima de alegría, cercanía y profunda comunión, que marcó el inicio del año con un renovado deseo de caminar juntos como jóvenes en misión.
Bajo el lema «Unidos a Jesús serán semillas de esperanza», el encuentro invitó a los participantes a redescubrir la fuerza transformadora de la unidad con Cristo y la llamada a ser signos vivos de esperanza en medio del mundo actual. A través de la catequesis, la oración, el trabajo en grupo, los talleres, el testimonio misionero y la celebración comunitaria, los jóvenes profundizaron en su vocación cristiana y en su papel activo dentro de la Iglesia y la sociedad.


Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la dinámica inicial, sencilla pero profundamente elocuente, que invitó a reconocernos mutuamente desde lo cotidiano: la sonrisa, la participación, la creatividad y los pequeños dones que cada persona aporta al grupo. A través de estos gestos concretos se fue tejiendo un ambiente de confianza, acogida y fraternidad, recordándonos que la unidad se construye desde lo sencillo, desde el encuentro auténtico con el otro y desde el reconocimiento de la riqueza que cada uno aporta a la comunidad.
La reflexión central estuvo iluminada por la imagen bíblica de la vid y los sarmientos, que ayudó a comprender la vida cristiana como una relación viva, constante y recíproca con Cristo. Permanecer en Él no es una actitud pasiva, sino una experiencia dinámica: nosotros en Jesús y Jesús en nosotros. Solo desde esta unión la vida da fruto. Así como los sarmientos necesitan de la savia de la vid, también nosotros necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios, no como un objeto guardado, sino como una presencia viva que acompaña, orienta y sostiene el camino personal y comunitario.
En este contexto, se profundizó en el significado auténtico de la unidad cristiana, entendida no como uniformidad, sino como comunión en la diversidad. Una unidad que nace del amor, se fortalece con el perdón, se cuida con la escucha sincera y se expresa en el servicio compartido. Cuando caminamos unidos, damos testimonio; y ese testimonio se convierte en fruto visible para el mundo. A la luz del carisma de san Daniel Comboni, se recordó que la misión solo es fecunda cuando se vive juntos: sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos, como un solo cuerpo al servicio del Reino de Dios.
La experiencia del encuentro hizo visible esta verdad: jóvenes de caminos, historias y sensibilidades distintas, pero unidos por una misma fe y un mismo deseo de seguir a Jesús. Como en un gran viñedo, cada sarmiento crece de manera distinta y se extiende en diversas direcciones, pero todos comparten la misma savia que brota del tronco. Cuando un sarmiento se separa, se seca; cuando permanece unido, su fruto se transforma en vino nuevo que alegra el corazón de toda la comunidad.
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